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El progresismo transnacional avanza

12 de noviembre de 2012

John Fonte explicaba hace una década en su artículo “Liberal Democracy vs. Transnational Progressivism: The Future of the Ideological Civil War Within the West” (“Democracia liberal contra Progresismo Transnacional: el futuro de la guerra civil ideological en Occidente”) que “es muy posible que la modernidad  dentro de treinta o cuarenta años  no sea testigo del triunfo definitivo de la democracia liberal, sino que tenga un nuevo desafío bajo la forma de un nuevo régimen transnacional híbrido que sería post-liberal democrático.” Fonte llamó a esta ideología alternativa “progresismo transnacional”, y constituiría una visión del mundo universal y moderna que se opone en la teoría y la práctica, al Estado-nación de carácter liberal-democrático. Sus palabras nos dan la clave para analizar las actuales y venideras decisiones de los gobiernos y las instituciones transnacionales (como la Unión Europea) e internacionales, que se han marcado como meta la transformación radical de la sociedad.

Dicho progresismo tendría las siguientes características:

1- Prioridad del grupo de adscripción  (racial, sexual, origen nacional…) sobre el individuo.

2- Una dicotomía de grupos: opresores contra víctimas, siendo el grupo de inmigrantes catalogados como víctimas. Esta dialéctica de influencia marxista ha generado también la dicotomía “privilegiados contra marginalizados”, especialmente en las relaciones entre los grupos hegemónicos y el resto.

2- Representación proporcional de todos los grupos en todas las profesiones y puestos sociales y políticos como fin de la “justicia”. Por ejemplo: si en la sociedad hay un 10% de musulmanes, estar proporción debería estar igualmente presente en los directivos de empresas.

3- Necesidad de cambiar los valores de todas las instituciones dominantes para reflejar los puntos de vista de los grupos de las víctimas (o grupo oprimido).

4.- El imperativo demográfico: necesidad de redefinir el paradigma nacional para incluir a los emigrantes, que deben estar representados en una nueva sociedad que es diversa.

5- Redefinición de la democracia y de los “ideales democráticos”: de un sistema de gobierno basado en la decisión de la mayoría de los ciudadanos considerados iguales, a uno de reparto de poder entre los grupos étnicos integrados por ciudadanos y no ciudadanos.

6. Deconstrucción de narrativas nacionales y los símbolos nacionales.

7- Promoción del concepto de ciudadanía posnacional: la ciudadanía debería ser desnacionalizada por motivos de justicia e inclusión social, dando lugar a una ciudadanía transnacional.

8- La idea del transnacionalismo como una herramienta conceptual importante. El transnacionalismo sería el sucesor ideológico del multiculturalismo, pero con rostro global. Se propugna la necesidad de una gobernanza global para gestionar la “educación transnacional”, la “migración transnacional”, etc. Ello sentaría las bases de un progresivo gobierno mundial.

La base social del progresismo transnacional estaría formada por una ecléctica y creciente “inteligencia” postnacional: profesores de derecho internacional en prestigiosas universidades occidentales, activistas de ONGs, funcionarios de fundaciones, burócratas de la ONU y la UE, ejecutivos de multinacionales y políticos.

La realidad presente nos muestra multitud de ejemplos, sobre todo en Europa, de cómo se pretende institucionalmente reconvertir a las personas, las naciones y los estados. Algunas de las acciones en curso son:

debilitar el patriotismo de las personas satanizando la nación como causa de violencia, tensiones y divisiones;

minar las tradiciones nacionales, la historia de cada pueblo y nación, y reducir la educación histórica nacional de los niños.

– utilizar la emigración como instrumento político de creación de nuevas realidades sociales y políticas;

sustituir la justicia por el equilibrio de poder e intereses, acudiendo a la imposición de cuotas y a la aplicación del principio de discriminación positiva;

demonizar la religión como origen y causa de conflictos sociales, especialmente a la Iglesia Católica, el único y último bastión moral con autoridad universal e influencia transnacional, que se resiste a la conversión de la persona en súbdito de un gobierno mundial que no respeta el principio de subsidiariedad y la ley natural.

– promover la transferencia de soberanía nacional hacia centros de decisión superiores de difícil control social y mediático, para que las adopciones fueran adoptadas por una élite política y económica, que establece un nuevo (des) orden de valores morales y adopta las decisiones en función del mismo.

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