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¿Es inofensivo celebrar Halloween?

1 de noviembre de 2012

Parece que la gente disfruta celebrando Halloween. Se visten de diablos, brujas, dráculas y almas en pena, compran calabazas y visitan errantes las casas de los vecinos en busca de la gratuidad ajena. Hasta ahí el asunto parece inofensivo, tanto como los falsos combates de gladiadores, aunque estéticamente no sea partidario de tales portes. Desde el punto de vista comercial es un pequeño tirón a las ventas en ese período amplio y complicado que los negocios atraviesan entre los gastos escolares de septiembre y el siempre bienvenido diciembre navideño. Todos sabemos que Halloween es una celebración innecesaria y comercial. Pero no solamente.

El hecho de que llegara desde Estados Unidos no es tampoco en sí mismo un pecado mortal, aunque el modo de celebrar y lo celebrado no sean muy acordes con nuestras formas culturales en Europea. Pero lo cierto es que ha tenido cierto éxito. Lo reprochable de esta fiesta es que oculta el significado religioso del “Día de Todos los Santos”, y supone si no una vuelta al paganismo, sí una verdadera celebración postcristiana. Cuando se corta el tronco, caen las ramas. Tenemos necesidad de celebrar porque es consustancial al ser humano el sentido de la auténtica fiesta, como bien decía Joseph Pieper en su extraordinario libro “Una teoría de la fiesta” publicado hace casi 50 años (Rialp, reedición, 2006). Pero la fiesta no es tan sólo un día en el que no se trabaja, sino que requiere un elemento contemplativo, un día en el que los hombres se alegran de celebrar por un motivo especial y de un modo no cotidiano la afirmación del mundo hecha ya una vez y repetida todos los días. Por ello hay una relación entre fiesta y amor y entre fiesta y alabanza litúrgica.

Las fiestas actuales son otra forma de actividad, otra forma de trabajo. Este es el motivo por el que las fiestas modernas “cansan”: no son una renovación de la realidad a través de un evento extraordinario, sino una repetición cansina que agota las energías y que causa tedio.

Cuando no se celebra una fiesta religiosa (como lo es “Todos los Santos”), y se sustituye por una celebración neopagana (como lo es “Halloween”), se pierde el sentido de la fiesta, que se convierte en mera diversión, vacía de sentido. Si el tiempo festivo es una reintegración del hombre al universo de lo sagrado, podemos decir que, perdido el sentido de lo sacro, desaparecida de la experiencia vital del ciudadano medio la apertura hacia lo trascendente, la fiesta se convierte en objeto de consumo, que no sirve para elevarnos más allá de la rutina, sino para evadirnos de ella.

From → Cristianismo, Europa

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