Skip to content

Política de cuotas: ni libertad, ni igualdad

12 de octubre de 2012

Para solucionar el problema de los grupos que, por cualquier motivo (raza, sexo, religión, etc.) no pueden acceder a determinados puestos en condiciones de igualdad al resto, existe una creciente tendencia a imponer cuotas por virtud de la ley. Esta política no ha dado los resultados esperados en EE.UU. tras 50 años de experiencia. La experiencia europea es mucho menor, y debería tener en cuenta la trayectoria norteamericana y los pobres resultados obtenidos.

La cuota es una excepción (originariamente provisional, mientras dure la desigualdad) al principio de igualdad. Pero la excepción ha de estar fuertemente justificada, y ha de tener cierta capacidad real y efectiva de modificar el status quo; si no, se debilita su legitimidad.

Una política más justa de promoción de los grupos desfavorecidos pasa, no tanto por imponer el resultado, sino por remover los obstáculos que impiden el acceso a los puestos. Es una política de medios, no de resultados.

Un argumento más: la libertad de elección de las personas. Si en un partido político, por ejemplo, las votaciones internas libres de sus órganos ejecutivos, deciden que sean candidatas tales o cual personas, la imposición de una cuota por sexo es una restricción injustificada en la medida en que reduce sustancialmente la libertad electiva.

Si queremos que la cuota permita un sistema más “equitativo” de representación social, llevado el argumento a la representación parlamentaria sobrarían las elecciones democráticas (que muestran la libertad electiva, y que por definición han de ser “libres”), y bastaría con acudir a un buen sistema de determinación de la composición social en virtud de parámetros como: sexo, raza, discapacidad, religión, etc., y extrapolarlo proporcionalmente al Parlamento. Sería suficiente con dar a cada grupo el número de representantes que proporcionalmente le corresponden en función de su presencia social, con posibilidad -como en democracia- de revisión de dicha composición cada cuatro años, por ejemplo.

Pero ésta no es, ciertamente, la idea que poseemos de democracia en los países que forman la Unión Europea, en la que la libertad es un componente esencial irrenunciable.

Una última reflexión: la finalidad de la política de cuotas, a pesar de sus buenas intenciones, adolece habitualmente de sesgo ideológico, especialmente cuando se trata de la imposición de una cuota de mujeres. No se trata tanto de promover a la mujer, sino, de cambiar por completo el modelo social: así lo ha reconocido una de las políticas más activas en Europa a favor de la cuota de mujeres, la comisaria Viviane Reding, en una entrevista a Der Spiegel. Estas son ya palabras mayores, y bajo la legítima cobertura de derechos humanos e igualdad, no cabe esconder una intencionalidad ideológica más que discutible. Mucha más sensata y razonable se muestra la Ministra alemana de familia (de 34 años), Kristina Schröder, en la misma entrevista: “La razón de la escasa presencia de mujeres en puestos superiores es que los altos ejecutivos tienen que trabajar 70 o 80 horas a la semana. Esto hace que casi cualquier persona con responsabilidades familiares fuera de esos puestos.” Las mujeres prefieren, en general, concluye un estudio en Australia,  un número menor de horas de trabajo.

Ideología frente a sensatez.

From → Uncategorized

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Bruselense

La actualidad vista desde Bruselas

La actualidad vista desde Bruselas

A %d blogueros les gusta esto: